Primeros años de la Sociedad teosofica

La Sociedad Teosófica fue fundada en la ciudad de Nueva York en 1875 con el lema “No hay religión más alta que la verdad”. Sus principales miembros fundadores fueron Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), Henry Steel Olcott (1832-1907) y William Quan Judge (1851-1896).

Los objetivos de la Sociedad Teosófica

  • Formar un núcleo de la Hermandad Universal de la Humanidad, sin distinción de raza, credo, sexo, casta o color.
  • Fomentar el estudio de la Religión Comparada, la Filosofía y la Ciencia.
  • Investigar las inexplicables leyes de la Naturaleza y los poderes latentes en el hombre.
  • El emblema de la Sociedad Teosófica incluye siete símbolos de particular importancia para la simbología de la Sociedad: 1) el lema de la Sociedad; 2) una serpiente mordiendo su cola (ouroboros); 3) la esvástica; 4) el hexagrama; 5) la cruxansata (Ankh); 6) el alfiler de la Sociedad, compuesto de cruces ansata y serpiente entrelazados, formando juntos “T.S.”, y 7) Om (o aum). El sello de la Sociedad contiene todos estos símbolos, excepto aum, y contiene así, en forma simbólica, las doctrinas que sus miembros siguen.

La Sociedad fue organizada como una entidad no proselitista, no sectaria. Blavatsky y Olcott (el primer presidente de la Sociedad) se trasladaron de Nueva York a Bombay, India en 1878. La sede internacional de la Sociedad se estableció finalmente en Adyar, un suburbio de Madras. La organización original, después de divisiones y reajustes tiene (a partir de 2011) varias ramificaciones; todos ellos aceptan los tres objetivos anteriores y los preceptos presentados por Blavatsky. Blavatsky influyó en el espiritualismo y las subculturas relacionadas: “La tradición esotérica occidental no tiene una figura más importante en los tiempos modernos”.

El pilar: Helena Blavatsky

Helena Blavatsky era una mujer carismática, no convencional y polémica de ascendencia rusa y alemana mezclada, que había viajado extensamente se convirtió en el principal defensor de Teosofía teórica y práctica. Desde su creación, y por asimilación doctrinal o divergencia, la Teosofía también ha dado lugar o ha influido en el desarrollo de otros movimientos místicos, filosóficos y religiosos. Después de la muerte de Blavatsky, los desacuerdos entre prominentes teosofistas causaron una serie de divisiones y varias organizaciones teosóficas surgieron. Un sucesor de la Sociedad original es a partir de 2011 conocido como la Sociedad Teosófica Adyar. Después de una escisión en 1895, William Quan Judge estableció una organización teosófica en la ciudad de Nueva York, que posteriormente se trasladó a Pasadena, California. Se conoce como de 2011 como la Sociedad Teosófica de Pasadena. Estos últimos se dividieron nuevamente; otra organización teosófica, la Logia Unida de Teósofos fue el resultado, formado por Robert Crosbie en 1909.

Los contemporáneos de Blavatsky, entre ellos William Quan Judge y Alfred Percy Sinnett, y exponentes posteriores han contribuido al desarrollo de esta Teosofía, produciendo obras que a veces se expandieron sobre los conceptos originales. A través de las diversas Sociedades Teosóficas y Organizaciones, la Teosofía sigue siendo una activa escuela filosófica con presencia en más de 50 países de todo el mundo.

La mente en la Naturaleza

Los filósofos pre-cristianos y medievales, pueden haber dejado unas pocas señales en las inexploradas minas, pero el descubrimiento de todo el oro y joyas preciosas, sólo se debe a la paciente labor del Sabio moderno. ¡Y aun más, ellos declaran que el genuino y real conocimiento de la Naturaleza, del Kosmos y del hombre, es todo de reciente descubrimiento. El actual y exuberante árbol del conocimiento, creció de las raíces muertas de la cizaña de la antigua superstición!

Las incomprobables concepciones de un pasado primitivo

Los estudiantes de teosofía dicen que no es justo sólo hablar en detrimento de “las incomprobables concepciones de un pasado primitivo”, como Mr.Tyndall y otros han hecho, y al mismo tiempo, esconder la base de la fuente intelectual sobre la cual la reputación de muchos modernos filósofos y científicos ha sido edificada. ¿Cuántos de nuestros distinguidos científicos no han obtenido honor y crédito por simplemente revestir las ideas de esos antiguos filósofos, a quienes ellos están siempre preparados para menospreciar? Hay que dejar a la imparcialidad de la posteridad la última palabra al respecto. Pero la arrogancia y opinión interesada, ha tomado posesión como dos odiosos cánceres en los cerebros de los hombres de mediana sabiduría, y éste es el caso especial de los Orientólogos-Sanskritólogos, Egiptólogos y Asiriólogos.

Los primeros guiados (o tal vez pretendidamente guiados) por pasados eruditos en el Mahâbhârata y los segundos por interpretación arbitraria de papiros, conjuntamente con lo que éste u otro escritor Griego dijo o no dijo , o por las inscripciones cuneiformes, destruidas a medias, en cerámicas hechas por los Asirios de los escritos del “Accado” Babilonico. Muchos de ellos son muy dados a olvidar, en la más conveniente oportunidad, de que los numerosos cambios en el lenguaje, la fraseología alegórica y la evidente secretividad de los escritores místicos, quienes estaban generalmente bajo la obligación de nunca divulgar los solemnes secretos del santuario, pudiesen tristemente haber confundido a ambos, los transcriptores, y sabios antiguos.

La mayoría de nuestros Orientólogos, prefieren permitir que su vanidad conjuntamente con su lógica y poder de razonamiento decidan, antes de admitir su ignorancia, y orgullosamente reclaman, como el Profesor Sayce

“que ellos han descubierto el verdadero significado de los viejos símbolos religiosos y que pueden interpretar los textos esotéricos mucho más correctamente que lo que pudieron los iniciados hierofantes de Caldea y Egipto”.

Esto quiere decir que los antiguos hierogramatistas y sacerdotes, quienes fueron los inventores de todas las alegorías que sirvieron de velo a las muchas verdades enseñadas a las Iniciaciones, no poseían la clave de los textos sagrados, compuestos o escritos por ellos mismos.

Todo esto es comparable con otras ilusas pretensiones de algunos sanskritólogos, quienes a pesar de nunca haber estado en la India, reclaman conocer el acento sánscrito y su pronunciación, como también el significado de las alegorías védicas, mucho más, que los más sabios entre los grandes pandits y expertos en Sánscrito de la India.

Después de todo esto quién no se asombraría de que los dialectos y códigos de nuestros alquimistas y Kabalistas medievales, sean también leídos literalmente por el estudiante moderno y que el Griego y aun las ideas de Aechilles, sean “corregidas” y mejoradas por los sabios Griegos de Cambrigde y Oxford, y que las parábolas vedadas de Platón, sean atribuidas a su “ignorancia”.

Si los estudiantes de las lenguas muertas en verdad supieran, debieran saber que el método estricto a la Ley de Causa y Efecto fue aplicado en la antigüedad así como también se hace hoy la moderna filosofía; es por eso que desde la primera aparición del hombre, la verdad fundamental de todo lo que se nos permite saber en la tierra estaba en las manos seguras de los Adeptos del Santuario; que la diferencia de credos y religiones practicadas era solamente externa; y que esos guardianes de la primitiva divina revelación, han sido quienes han resuelto cada problema que es posible de entender por el intelecto humano, y que estaban unidos por la universal hermandad de la ciencia y la filosofía, la cual formó una cadena ininterrumpible alrededor del globo.

En búsqueda del final del camino

Es para la Filología y los Orientólogos tratar de encontrar el final de la madeja. Pero si persisten en buscar en una sola dirección y en la dirección equivocada, la verdad y los hechos, jamás se descubrirán. Es por lo tanto un deber de la psicología y la Teosofía ayudar al mundo a descubrir esas verdades.

Estudien las religiones Orientales a la luz de la filosofía oriental -no occidental- y si llegasen a colocar un simple engarce del sistema de las viejas religiones, la cadena de misterios puede muy bien desenredarse. Pero para alcanzar este objetivo no se debe estar de acuerdo con aquellos que enseñan que es antifilosófico investigar en las primeras causas, y que todo lo que podemos hacer es considerar los fenómenos físicos. El campo de la investigación científica esta lleno de fenómenos por todos los lados, pero una vez el limite de la materia es alcanzado, la investigación debe detenerse y recomenzarse de nuevo.

Como el Teósofo no quiere jugar a ser la ardilla que mueve la rueda, debe rehusarse a seguir las indicaciones de los materialistas. Él, más que nadie, sabe que las evoluciones del mundo físico, de acuerdo con la antigua doctrina, es seguida por la misma evolución en el mundo del intelecto, ya que la evolución espiritual en el universo se manifiesta en ciclos, exactamente como la física. ¿No vemos en la historia una alternación regular de ascenso y descenso en la marea del progreso humano? ¿No vemos en la historia universal y aun hallamos esto mismo en nuestras propias experiencias, de que los grandes imperios del mundo, después de alcanzar la culminación de su grandeza, descienden otra vez, de acuerdo con la misma ley por la cual ascendieron?

Más aun, habiendo descendido a su punto mas bajo, la humanidad se surge de sus propios deshechos y asciende una vez más, hasta la altura de su misma esencia, de acuerdo a la ley de progresivo ascenso por ciclos, de alguna manera más alta, que el punto del cual descendiera una vez. Reinos e imperios están debajo de esta misma ley cíclica, como también las plantas, razas y todo lo que existe en el Kosmos.

Las edades de Oro, Plata, Bronce y Hierro

Vemos lo mismo en toda clase de literaturas. Una edad de inspiraciones e inconsciente productividad, es invariablemente seguida por una edad de críticas y conciencia. Una le da a la otra el material de análisis y críticas al intelecto del otro. “El momento es más que oportuno, para que se revisen las viejas filosofías. Arqueólogos, filósofos, astrónomos, químicos y físicos están acercando el punto donde tendrán que considerarlas. La ciencia física esta alcanzando el limite del campo de su exploración: la teología dogmática ve la fuente de su inspiración secarse.

El día esta llegando cuando el mundo recibirá la prueba de que solo las antiguas religiones estaban en armonía con la naturaleza, y la ciencia antigua alcanzaba todo lo que es posible conocer. “Una vez más la profecía hecha en “Isis sin Velos” veintidós años atrás es reiterada. “Secretos largamente mantenidos serán revelados; libros por mucho tiempo olvidados y arte por mucho tiempo perdido, serán traídos a la luz de nuevo; papiros y pergaminos de inestimable importancia aparecerán en las manos de hombres, quienes pretenderán haberlos desenrollados de momias, o tropezarse con ellos en criptas enterradas; cerámicas y columnas, cuyas revelaciones esculpidas asombraran a los teólogos y confundirán a los científicos, están por descubrirse e interpretarse. ¿Quién conoce de las posibilidades del futuro?

Una era de desencantamiento y reconstrucción pronto llegará — No- ya ha comenzado. El ciclo ha casi recorrido su curso; uno nuevo esta a punto de comenzar, y las futuras páginas de la historia contendrán toda la evidencia, y darán las pruebas reales de todo lo dicho. “Desde el día que esto fue escrito mucho ya ha acontecido, el descubrimiento de las cerámicas Asirias y sus cronologías, por si solo, han forzado a los interpretes de las inscripciones cuneiformes- ambos cristianos y libres pensadores- a alterar la mismísima edad atribuida al planeta.

La cronología de los Purânas hindúes, reproducida en “la Doctrina Secreta”, es ahora menospreciada, pero llegara el tiempo cuando será universalmente aceptada. Esto puede ser tomado como una simple presunción, pero solo será en el presente. Es en verdad cuestión de tiempo. Todo el resultado del enfrentamiento entre los defensores de la antigua sabiduría y sus detractores-laicos y religiosos- descansa: a) en la incorrecta comprensión de la vieja filosofía, por la carencia de las claves que los Asiriólogos afirman haber descubierto y: b) en las materialistas y antropomórficas tendencias de la era.

Esto en ninguna manera trata de impedir que Darwinistas y filósofos materialistas de desentierren las minas intelectuales de los antiguos y se apoderen de las riquezas de ideas que estas poseen. Ni a los teólogos, de descubrir dogmas cristianos en la filosofía de Platón y llamarlas “presentimientos” como en el Libro del Dr. Lundy titulado Cristianeidad Monumental y otros tipos de trabajos contemporáneos. De tales “presentimientos” toda la literatura- o lo que queda de esa literatura sacerdotal- de la India, Egipto, Caldea, Persia, Grecia y aun Guatemala (Popul Vuh), esta llena.

Lo que por sí se establece como una eterna y continua evidencia y prueba de la existencia de ese Unico Principio, es la presencia de un innegable diseño en el mecanismo cósmico, nacimiento, crecimiento, muerte y transformación de todo lo que existe en el universo, desde la silenciosa e inalcanzable estrella, hasta el más insignificante liquen; desde el hombre hasta las invisibles vidas, ahora llamadas microbios.

Es por tanto de una aceptación universal la “Mente Divina”, el Ánima Mundi de toda la antigüedad. Esta idea de Mahat (el grande) Akâshâ o el Aura de Brahma de transformación, de los Hindúes, del Alaya; “El Divino Ser de Misericordia y Compasión” de los místicos trans-himalayicos; “la eterna razón de la Divinidad”, de Platón, es la más antigua de las doctrinas hasta ahora conocida y creída por el hombre.

Por lo tanto no se puede decir que se originó con Platón o con Pitagoras ni con ninguno de los demás filósofos dentro del periodo histórico. Los oráculos de Caldea dicen:

“El trabajo de la naturaleza co-existe con la intelecta luz espiritual del Padre. Porque es el Alma [Greek: yuce] la que embellece el gran Cielo y la que lo adorna después del Padre”.

Pitágoras trajo sus doctrinas de los santuarios orientales y Platón las compilo dentro de una forma más inteligible, que los numerales misteriosos del Sabio–cuyas doctrinas él había totalmente abrazado- de manera que el Cosmo es “El Hijo” según Platón, teniendo como padre y madre a la Divina Mente y la Materia. La primera idea “nacida de la oscuridad antes de la creación del mundo” yace dentro de la mente no manifestada; la segunda es la Idea que emana como una reflexión de la Mente (ahora el Logos manifestado), revistiéndose de materia, y asumiendo una existencia objetiva.

Para terminar quiero dedicar un párrafo a unas páginas web donde tienen muchos descuentos y promociones de las que os podéis aprovechar. En todas ellas, podéis conseguir libros, música y un sinfín de artículos cristianos que os acercarán más todavía a nuestro Dios.

Sobre la formación de las iglesias

 

Las circunstancias actuales han llevado a muchos cristianos a considerar si los creyentes son verdaderamente competentes para formar iglesias, según el modelo de las iglesias primitivas, y si la formación de tales cuerpos está actualmente en armonía con la voluntad de Dios.

Uno no puede sino reconocer la confusión que existe en la cristiandad, y algunos estiman que la única manera de hallar la bendición en medio de toda esta ruina es formando y organizando iglesias. Otros consideran que un intento de esa naturaleza es un mero producto del esfuerzo humano, y que, como tal, carece de la primera condición de una bendición duradera, la cual sólo puede hallarse en una entera dependencia de Dios; aunque desde luego reconocemos que la sinceridad y la verdadera piedad de muchos que han tomado parte en esta acción, puede hasta cierto punto tener la bendición de Dios.

El que escribe estas páginas, unido por los lazos más fuertes de afecto fraternal y amor en Cristo a muchos de los que pertenecen a cuerpos que asumen el título de Iglesia de Dios, ha evitado cuidadosamente todo conflicto con sus hermanos sobre este tema, aunque a menudo ha dialogado con ellos acerca de estas cuestiones. No ha hecho más que separarse de las cosas que se hallaban en ese cuerpo, cuando ellas le parecían contrarias a la Palabra de Dios, procurando solícitamente, no obstante, guardar “la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, y teniendo en cuenta aquellas palabras: “Si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca” (Jeremías 15:19), instrucción de infinito valor en medio de la confusión actual. Pero su afecto no ha disminuido, ni se han roto ni debilitado sus vínculos.

Dos consideraciones impelen al escritor de manera especial a declarar lo que para él es el pensamiento de las Escrituras sobre este tema: un deber hacia el Señor (y el bien de Su Iglesia es de la mayor consideración), y luego un deber de amor hacia sus hermanos, amor que debe ser dirigido por la fidelidad al Señor. Escribe estas páginas debido a que la idea de hacer iglesias constituye el verdadero obstáculo para el cumplimiento de lo que todos desean, a saber, la unión de los santos en un solo cuerpo: primero, porque en aquellos que lo han intentado, al sobrepasar el poder que el Espíritu les había dado, ha obrado la carne; y, en segundo lugar, porque aquellos que estaban fatigados del mal de los sistemas nacionales, al verse en la necesidad de escoger entre ese mal y lo que satisfacía el punto de vista de ellos como congregaciones disidentes, se quedan a menudo donde se encuentran, sin esperanzas de hallar algo mejor.

En las condiciones actuales sería una extravagancia afirmar que estas iglesias puedan realizar la deseada unión, pero no voy a insistir en ello para no entristecer a algunos de mis lectores. Mi intención es más bien poner en primer término los puntos en los que estamos de acuerdo, puntos que a la vez nos ayudarán a formarnos un juicio claro y cierto sobre muchos sistemas actualmente existentes, sistemas que, si bien son incapaces de producir el bien deseado por un gran número de hermanos, dejan a sus partidarios, como único consuelo y excusa, el pensamiento de que los demás no pueden hacer más que ellos para alcanzar la meta propuesta.

El propósito de Dios en cuanto a la reunión de los creyentes en la tierra

Es el deseo de nuestros corazones y, según creemos, la voluntad de Dios en esta dispensación[2], que todos los hijos de Dios estén reunidos como tales, y, por consiguiente, fuera de este mundo. El Señor se dio a sí mismo “no solamente por la nación (los judíos), sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:52). Esta reunión de todos en uno era, pues, el motivo inmediato de la muerte de Cristo. La salvación de los elegidos era tan cierta antes de Su venida —aunque se cumplió por medio de ella— como más tarde. La dispensación judía, que precedió a Su venida a este mundo, tenía por objeto, no reunir a la Iglesia sobre la tierra, sino mostrar el gobierno de Dios por medio de una nación elegida. En la actual dispensación, el propósito del Señor es reunir así como salvar, no solamente realizar la unidad en los cielos, donde los propósitos de Dios se cumplirán ciertamente, sino aquí en la tierra, por “un solo Espíritu” enviado del cielo. “Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Ésta es la innegable verdad respecto a la Iglesia, tal como la Palabra nos la presenta. Muchos pueden tratar de demostrar que hipócritas y malvados se han infiltrado en la Iglesia; pero no se puede escapar a la conclusión de que había una Iglesia en la cual se deslizaron. La unión de todos los hijos de Dios en un solo cuerpo es evidentemente según el pensamiento de Dios en la Palabra.

La posición de los sistemas nacionales en cuanto a la reunión de los creyentes

En cuanto a los llamados sistemas nacionales, es imposible hallar rastros de su existencia anteriormente al período de la Reforma. Ni su misma noción parece haber existido antes de este período. Lo único que podemos encontrar que sea mínimamente análogo —los privilegios de la Iglesia galicana y la práctica de votar por naciones en algunos concilios generales— son cosas tan ampliamente diferentes que no demandan discusión alguna.

El nacionalismo, es decir, la división de la Iglesia en cuerpos formados de tal o cual nación, es una novedad que data de cuatro siglos[3], aunque en estos sistemas se encuentran muchos queridos hijos de Dios. La Reforma no tocó directamente la cuestión del verdadero carácter de la Iglesia de Dios. No hizo nada para restaurarla a su estado primitivo. Hizo algo que es mucho más importante: expuso la verdad de Dios tocante a la gran doctrina de la salvación de las almas, con mucha más claridad y con un efecto mucho más poderoso que el moderno avivamiento. Pero no restableció la Iglesia en sus facultades primitivas: al contrario, la sujetó en general al Estado para librarla del Papa, porque consideraba peligrosa la autoridad papal y consideraba como cristianos a todos los sujetos de un país.

Para escapar de esta anomalía, creyentes fieles trataron de hallar refugio en una distinción entre una iglesia visible y una iglesia invisible. Pero leamos la Escritura: “Vosotros sois la luz del mundo.” ¿Qué valor tiene una luz invisible? “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). Decir que la verdadera Iglesia ha sido reducida a la condición de invisible es decidir toda la cuestión, y afirmar que la Iglesia ha perdido enteramente su posición original[4] y carácter esencial, y que está en un estado de apostasía, es decir, que se ha apartado del propósito de Dios y de la constitución que ella había recibido de Él; pues Dios no encendió una lámpara para ponerla debajo de un almud, sino para ponerla sobre el candelero para alumbrar a todos los que están en la casa (Mateo 5:15). Si se volvió invisible, dejó de responder al propósito para el cual fue constituida (véase Juan 17:21), es apóstata. Tal es, según su propio testimonio, el estado público del cristianismo.
La posición de la disidencia en cuanto a la reunión de los creyentes

Estamos, pues, de acuerdo en el hecho de que la reunión de todos los hijos de Dios en uno es según el propósito del Señor expresado en su Palabra.
Pero mi pregunta, antes de seguir, es ésta: ¿Puede uno creer que las iglesias disidentes, tal como existen en éste y en otros países, hayan alcanzado este objetivo, o que sea probable que lo alcancen?

Esta verdad de la reunión en uno de los hijos de Dios, la Escritura la presenta llevada a cabo en diferentes localidades; y en cada localidad, los cristianos allí residentes constituían un solo cuerpo. Las Escrituras son perfectamente claras a este respecto. Desde luego, se ha planteado la objeción de que una unión así es imposible, pero sin presentar pruebas extraídas de la Palabra de Dios que apoyen tal postura. Se dice: «¿Cómo podría ser esto posible en Londres o en París?» Pues bien, ello era posible en Jerusalén, y allí había más de cinco mil creyentes. Y si bien se reunían en casas y aposentos particulares, no por eso dejaban de ser un solo cuerpo, dirigido por un solo Espíritu, por una sola regla de gobierno, en una sola comunión, y reconocidos como tales. Por tal razón, tanto en Corinto como en otros lugares, una epístola dirigida a la Iglesia de Dios habría encontrado su destino en un cuerpo conocido. E iré más allá, y añadiré que es claramente nuestro deber desear pastores y maestros que asuman el cuidado de tales congregaciones, y que Dios ciertamente los suscitó en la Iglesia tal como la vemos en la Palabra.

 

 

¿Qué es la teosofía?

Teosofía es una palabra que deriva del griego y que significa “Sabiduría Divina”. Esta palabra fue usada originalmente por los filósofos alejandrinos, los Neoplatónicos, en el siglo III de nuestra era. Uno de los objetivos de la “Escuela Teosófica Ecléctica” fundada por Ammonio Saccas (que es también uno de los objetivos de la Sociedad Teosófica), fue el de demostrar la unidad de todas las religiones y reconciliar bajo un sistema de ética común, basado en verdades universales, a todas las creencias y naciones.

La antigüedad y el presente se unen

También existían en la antigua Escuela Teosófica Ecléctica tres proposiciones básicas que son compartidas por la Sociedad Teosófica hoy:

  •  La existencia de una esencia absoluta desconocida, omnipresente, e impersonal, que interpenetra y es raíz de todas las cosas, tanto visibles como invisibles.
  • La naturaleza eterna e inmortal del espíritu del hombre el cual, siendo un rayo del Alma Universal es idéntico en esencia a ésta última.
  • La posibilidad de que el hombre se haga Uno con lo Divino, trascendiendo sus limitaciones y participando de la Sabiduría Divina, que es Amor omniabarcante.

La Sra. Blavatsky le escribió en una oportunidad a un clérigo cristiano:

“La Teosofía es la ciencia de todo lo que es divino en el hombre y en la naturaleza. Es el estudio y el análisis, dentro de lo conocido y lo desconocido, y por otra parte lo incognoscible (…) En su aplicación práctica ciertamente significa libertad (de pensamiento), autoconfianza, y autocontrol, coraje e independencia”.

Sin embargo, es difícil decir qué es Teosofía puesto que comprende varios significados en distintos niveles. En principio se puede decir que es esa Sabiduría Divina de la cual se han expresado distintos aspectos por medio de varios Instructores Espirituales en las diversas religiones; y muchos sabios y filósofos de las distintas épocas, que se pusieron en contacto con esa Sabiduría por haber llevado el modo correcto de vida que conduce hacia ella.

En “The Theosophist”, la revista internacional de la Sociedad Teosófica, podemos leer que:

“La Teosofía es el cuerpo de verdades que forma la base de todas las religiones, el cual no puede ser reclamado como posesión exclusiva de ninguna de ellas. Ofrece una filosofía que hace a la vida inteligible, y que demuestra la justicia y el amor que guían su evolución. Pone a la muerte en su lugar correcto, como un incidente recurrente en un vida sin final, que abre una vía de acceso a una más completa y radiante existencia. Restituye al mundo la Ciencia del Espíritu, enseñándole al hombre a conocer al Espíritu como su propia esencia, y a la mente y el cuerpo como sus servidores. Ilumina las escrituras y doctrinas de las religiones develando sus ocultos significados, y justificándolos ante el tribunal de la inteligencia, como también ante los ojos de la intuición.”

A lo largo del tiempo, personas que han ido teniendo vislumbres de la Sabiduría Divina han escrito libros, poniendo en palabras algunos aspectos de ésta, que pueden ser de gran valor. Pero no debemos perder de vista que los escritos son sólo una ayuda para aportarnos cierta comprensión y señalamientos de modo que cada uno de nosotros pueda poner a tono su vida para llegar a descubrir la verdadera Teosofía: aquella Sabiduría que brota desde dentro puesto se encuentra en la esencia de cada Ser Humano.

La Dra. Annie Besant, quien fue la Segunda Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica, escribió en su artículo ¿Qué es la Teosofía?:

“Habéis de dirigiros hacia adentro, y no hacia afuera. Sumergíos sin temor en las profundidades de vuestro propio ser; buscad entre los pliegues de vuestro corazón el misterio oculto que bien vale la pena escudriñar, y allí, y sólo allí, encontraréis a Dios. Pero cuando allí os encontréis, veréis que el universo entero canta Su nombre y Su gloria. Hallad a Dios en vuestro Yo y lo veréis por doquier. Ésta es la verdad fundamental; la Verdad de las verdades. Ésta es la Sabiduría Divina que llamamos Teosofía”.

Esta Sabiduría, va transformando la propia perspectiva de la vida y brindando habilidad para desarrollar una acción correcta en la vida cotidiana, que esté a tono con las Leyes que rigen el movimiento de todo el Universo. Por esta razón es fundamental que el ser humano aprenda el modo de vivir para dejar que la Teosofía ilumine nuestra mente y corazón.

En referencia a esto la actual Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica, la Sra. Radha Burnier, dijo:

“La palabra Teósofo tiene un sentido elevado. Se refiere a los que, por su modo de vida y contemplación se acercan cada vez más al Principio Divino (…) La Teosofía no es una simple ideología. Sólo cuando un miembro de la Sociedad Teosófica comprende la esencia de la literatura que lee o de la conferencia que escucha se convierte en una “benéfica fuerza de la naturaleza” (…) La Teosofía es, en realidad, aquella sabiduría viviente que surge de la observación y de la comprensión del proceso de la vida, no tan sólo a nivel físico, sino también a los niveles psicológico y aún más sutiles de la existencia. La sabiduría nace cuando la mente desecha sus preconceptos y limitaciones y alcanza a penetrar así en una nueva dimensión.”

 

Los miembros de la Sociedad Teosófica estudian estas verdades y los Teósofos se empeñan por vivirlas.

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